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La Coctelera

lorenpi

3 Febrero 2008

EL SILENCIO Y EL VACÍO RELIGIOSOS EN BERNANOS

l. VIDA Y OBRAS.

Georges Bernanos nace en París el 20 de Febrero de l888, en una casa de campo de la región de Artois. A los trece años lee la obra de Henri de Balzac y no acepta la educación jesuítica de su primer colegio, pasando dos años en el Petit Séminaire de Bourges. Después se doctoró en Letras y en Jurisprudencia en la Sorbona, desde donde se traslada a Rouen para dirigir un pequeño periódico monárquico. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial se enroló como voluntario, siendo herido por tres veces consecutivas.

Durante sus numerosos viajes escribió contínuamente. Además de algunas novelas, recogidas en el libro póstumo Dialogues d'ombres de l955, reelabora la primera novela Sous le Soleil de Satan que había publicado en l926, obteniendo un gran éxito. Desde entonces, se dedica a la literatura. Profundamente católico y patriota por educación y tradición familiar -se casó con Jeanne Talbert, supuesta descendiente de Juana de Arco-, su participación en la primera geurra mundial, el talante temperamentalmente polémico y el violento anticonformismo de su fe, unido al desprecio por los compromisos de la política burguesa de la Francia de su época, le empujaron a adherirse a la Action Française de Maurois y de Daudet. Sin embargo, pronto se fue liberando poco a poco de dicha actividad.

Además de trasladarse frecuentemente de domicilio - Clermont-de-l'Oise, Tolone, Avallon y La Bayerre -, realizó numerosos viajes en los que tenía la costumbre de escribir en los cafés, sin el objeto preciso de observar nada en concreto, tal como afirma en Les grands cimetières sous la lune, de l938: "No observo nada. Escribo en los cafés como antes escribía en el tren; para reencontrar, con una mirada sobre el desconocido que pasa, la justa medida de la alegría y del dolor".

En l934, deja su último lugar de residencia, vende en subasta todo su mobiliario y sus libros y se marcha a Mallorca, en las Islas Baleares, donde permanece hasta l937 por razones económicas, pero también para madurar en la soledad su evolución política. Durante estos tres años lleva a cabo una intensa actividad: trabaja en Monsieur Ouine, que ya había comenzado cuando vivía en Tolone con el título de La paroisse morte, y que finalizará en l943. También escribe el Journal d'un curé de campagne en l936, y La nouvelle histoire de Mouchette, en l937.

Cuando regresa a Francia, escribe Les grands cimetières sous la lune, terrible alegato contra la represión franquista, de la que ha sido testigo, y contra la complicidad del clero español y la larvada convivencia de las democracias occidentales. En l938, un sentimiento de rebelión contra la capitulación de Mónaco lo empuja a abandonar Francia. Después de permanecer un breve espacio de tiempo en Paraguay, se establece en Brasil en una pequeña factoría de la Croix-des-Aures, con el propósito de resolver su precaria situación económica. Después de sufrir un accidente de motocicleta, se ve disminuido físicamente y se dedica a escribir artículos contra las dictaduras y en favor de la Resistencia, que lo distraen de su actividad creadora. Sólo Monsieur Ouine es finalizado y publicado, por primera vez, en Río de Janeiro.

De vuelta a Francia en l945, continúa su activiad de polemista en artículos que expresan una sufriente rebelión contra el exterminio del mundo contemporáneo ( La France contre les robots (l944)), y los peligros de la creciente mecanización de nuestra civilización. En l948 se establece, por razones de salud, en África Septentrional, donde escribe su única obra teatral -Diálogues des Carmélites (l949), que constituye una de las más altas expresiones de su arte, realizándose una adaptación musical por Francis Poulenc.

Regresado urgentemente a Francia para someterse a una grave operación, muere en el hospital de Neuilly el 5 de Julio de l948. La última frase pronunciada poco antes de morir expresa la lucha espiritual que a lo largo de su obra y de su vida había sostenido continuamente: "Saludadme este mundo que yo he amado más de lo que podría haber osado decir: A nosotros dos ahora".

2. ACTUALIDAD DE BERNANOS.

Según Nella Filippi (l974: 47), las novelas de Bernanos "constituyen la expresión de una lucha metafísica que va unida a una historia densa de realidad humana". El drama que, a veces, asume las formas más violentas que llevan hasta el asesinato y el suicidio, se convierte en el lugar y en la encarnación sensible de la lucha entre el bien y el mal. La actitud religiosa y la misma santidad son para Bernanos una total aceptación del "riesgo" representado en esta lucha.

Más cercano al pensamiento de Pascal que al de sus contemporáneos, Bernanos se opone tanto a las corrientes religiosas que se inclinaban al cienticismo y al racionalismo, como a la actitud de ciertos escritores católicos franceses del Novecientos, a excepción de Péguy. También combate el estrecho catolicismo que hace de la vida interior "el sombrío campo de batalla de los instintos" y traicionando los valores más elevados, reduce la moral a "una higiene de los sentidos"". Estrechamente compenetrados, el bien y el mal se afrontan en el mundo de Bernanos en cada acción humana.

Ambientes y personajes se inscriben casi siempre en el mundo rural, presente en sus pesados paisajes terrestres, sus silenciosas y a menudo trágicas relaciones humanas, su obscura miseria, en una concreción transfigurada por violentos claroscuros y separada de cualquier preocupación realista. La complejidad de las situaciones interiores, siempre manifestada en los contrastes narrativos, no cae jamás en el psicologismo.

Tal vez, recordar la existencia de Satanás, su obra y su genio a los hombres de nuestro tiempo pueda parecer una locura. Presentar un tipo de santidad desgarrada como la del abate Donissan o del cura de Ambricourt o de Chantal de Clergerie pueda parecer que se está provocando el buen gusto del lector. Sin embargo, el testimonio de Bernanos se convierte siempre en algo vivo porque es lo contrario de lo que somos y, a veces, pensamos.

Se puede decir que Bernanos es valiente porque es libre y en Las cartas a los ingleses recuerda que sólo el amor es la "palabra decisiva" y "sólo el hombre libre puede amar". Por eso, su profetismo, su visión de lo absoluto, su desdeño contra la doblez y la hipocresía nacen del privilegio y de la responabilidad de la libertad que él siempre ha sabido gozar con el corazón de un niño. Se nos aparece como actual porque nos ha anticipado la esperanza, ha creído en el signo de la redención, ha visto como posible el Evangelio para todos los hombres y nos ha mantenido en sus manos en los momentos más negros y angustiosos.

En todo caso, el valor del testimonio de Bernanos no disminuye. Según Piovene, Bernanos "Es un escritor con el que es necesario comprometerse o dejarlo de lado". Y A. Rousseau afirma que el encuentro con Bernanos "es para aquellos que no tienen miedo de la Aventura -no aventuras-, allí donde la grandeza del riesgo es semejante a la dignidad de la vida". Bernanos ha sufrido y ha pagado en su persona todas las afirmaciones más arriesgadas y toda la toma de posición que ha tratado después de insinuar a los hombres. Ha tenido siempre presente el sentido de Dios y de Satán, ha mirado y ha creído, ha adorado la verdad, la gracia, la salvación, allí donde pocos se hubieran atrevido a imaginarla.

Parece como si, dice U. Fabretti, hubiera amasado montañas de pecados y de perversidades en casi todos sus personajes, para hacerse perdonar la intuición de aquella alegría que ha dado prueba de saber constatar y gozar según el espíritu más misterioso del cristianismo: la alegría, una alegría sobrenatural que se convierte en antítesis suprema de todo el misterio del pecado que existe en el mundo y en el hombre, pero ¡a qué precio se puede conseguir y dar esa alegría!. "Nuestra vida no es la que el mundo imagina -repite el abate Donissan-. Frente a ella, incluso la violencia del genio es un juego frívolo. Toda vida es bella, Señor, te testimonia; pero el testimonio del santo es arrancado con hierro".

Bernanos no era un santo, sino un hombre de buena voluntad, una conciencia sensible, un creyente sin compromisos, capaz de cualquier cosa, porque es capaz de un amor más grande. Su ejemplo está en no haberse resignado a dejarse dominar por la mentira y el error, por el triunfo de la mediocridad. Y si ha tratado de ser un santo lo ha hecho en esta dirección y nos ha mostrado que no existe otro camino que el de la no resignación. Los santos no se resignan, al menos no en el sentido que el mundo lo entiende.

La clave de la obra de Bernanos es el misterio pascual, que es muerte y vida a la vez. Él conoció la angustia de los hombres, pero también la alegría. Y nos la da porque amaba a este mundo: "Cuando me muera, decid al dulce reino de la Tierra que yo lo amaba más de lo que nunca he osado confesar" (Georges Bernanos en Cahiers du Rhône: 5). El poeta puede maldecir aparentemente este mundo de pecado, peo sabemos que sus maldiciones ocultan una ternura inmensa por este universo que ve transfigurado en Dios. Si Bernanos amaba la tierra, sabía también que la tierra no es nada sin la esperanza, la cual es un misterio: "En su más alta tensión, la esperanza acaba por consumirnos" (Ibid.:37).

Esta esperanza nos consume, pero también nos tranfigura; nos da el amor divino a cambio de nuestro pobre sufrimiento. Todos los sufrimientos del mundo dibujan misteriosamente un icono, el del cuerpo de Jesús, en el cual se consuma la pasión redentora. Por eso, en el Journal d'un curé de campagne, llega a afirmar que al final "todo es gracia". ¿Dónde se encuentra el secreto de su alegría? Ciertamente es un misterio porque ante la agonía espantosa de una niña inocente, Chantal de Clergerie, la santita a quien le ha sido robado todo, incluso la muerte, Bernanos pone esta frase. En un tiempo donde la violencia y la mentira están presentes por todas partes, Bernanos nos presenta la respuesta de la fe al silencio de Dios. Por eso, es preciso dar a los hombres una espranza, incluso para aquellos que no tienen ninguna.

3. EL MUNDO DEL MIEDO.

3.l. Su encuentro con la angustia.

El secreto de su primer encuentro con la angustia lo descubrimos en la infancia de Bernanos. "Más allá de la infancia humillada" de los colegios cristianos, de los "lúgubres cortijos", y de las "clases fétidas", de las "interminables y pomposas misas cantadas, durante las cuales un alma pequeña cansada podría compartir con Dios sólo el aburrimiento" (Les grandes cimetières sosu la lune: 75), existe toda una trágica infancia que se nos revela con sinceridad y también con pudor en las cartas que el joven Bernanos dirige al abate Lagrange en l905.

Pero será a partir de su primera comunión cuando aquella angustia comience a transformarse y adquiera una resonancia religiosa que se ha de convertir para siempre en la piedra angular de su vida espiritual: "La luz ha comenzado a iluminarme y me he dicho que no es preciso empeñarse en hacer buena y feliz la vida, sino la muerte que es la conclusión de todo" (Carta al abate Lagrange. Marzo l905. en Ouvres Romanesques: l727).

La duda, nueva forma de angustia, le asalta cuando se interroga sobre la sinceridad y a solidez de su vocación laica. Se da en él una verdadera conversión en el sentido pascaliano del término: no es el descubrimiento de Dios, sino la tensión convergente de todas las fuerzas existenciales y espirituales para responder a su llamada, orientación de todo su ser hacia Dios. "La lógica me dice que, para ser feliz, es preciso vivir y morir para él...y así no tendré más miedo de la muerte horrible" (Carta a Lagrange. l905).

Este pensamiento de un joven de l7 años nos revela la dialéctica del miedo y de la alegría, movimiento fundamental de su elevación espiritual, vivido y traducido en los mitos de sus novelas. Y en aquella naturaleza angustiada, destinada a vivir con frecuencia en la soledad y en la humillación, reaparece pronto la aventura interior de la angustia cristiana, el miedo domado por un momento con la elección voluntaria.

La guerra de l9l4 será la primera prueba terrena contra la que tuvo que enfrentarse su vocación. Las miserias sufridas en la tierra transformaron el miedo físico de la infancia y la duda intelectual de la adolescencia en un desconcierto de todo su ser, verdadera y propia angustia metafísica: "La angustia es entera y permanente" (Carta a un amigo. l7 Sept. l9l9). Pero será el sacrificio de la Cruz quien, desde ese momento, transfigurará por breves momentos la meditación angustiosa de Bernanos.

A la angustiosa pregunta de las cartas de juventud "Y si fuese ávido de corazón", ahora, madurado a través de una vida de sufrimiento, se hace eco el amor por los demás en su misma debilidad. Bernanos estaba privado, además, de toda forma sensible de alegría dada por la fe y la esperanza:"Todos me echan en cara el pecar contra la esperanza, pero sucede con la esperanza lo que con la fe, la mejor no tiene consuelo sensible". Y así, después de haber transcurrido el último año de su vida en el lecho de un hospital, Bernanos, libre y purificado, afrontó la muerte tan temida con un sabio coraje:"He aquí que he sido implicado en la Santa Agonía". Y entró en la paz y en la luz de aquella "primera mirada ausente de tristeza".

Si Bernanos alcanza la serenidad de la alegría primera de entrar en "la limpia mañana" es al precio de una lucha cotidiana contra las potencias de la angustia. Y su obra novelesca fue el campo terreno de su lucha, de cuando en cuando reflejo y alimento de su alma herida.

Una primera lectura de sus novelas trágicas revela todo un mundo tenebroso en el que se desarrollan las formas más diversas del miedo a la muerte, -inevitablemente unidas a sus fatales consecuencias: la desesperación, el delito, el suicidio- que confieren a sus libros un ritmo infernal y colores de tempestad.

A la amenaza de la timidez, vista casi como una enfermedad y encarnada en los sacerdotes de Bernanos, se añade a veces la duda con su múltiple incerteza, que en el sacerdote, cuya vida tiene sentido sólo si está consagrada a la salvación de los otros, a veces procura un gran sufrimiento, cuando duda de su salvación, de su fe, de Dios, sin comprender que se deja seducir por la "forma más exaltada, casi delirante, del orgullo".

El abate Donissan, tosco cura de una parroquia refinada como la del aristocrático abate Menou-Segrais (Sous le soleil de Satan), y más aún el abate Chevance (L'Imposture), en la desconocida perfección de su apostolado, prueban el terror del público que les invade y les perturba en lo más profundo de su ser y destruye la plenitud de su personalidad. El párroco de Ambricourt (Journal d'un curé de campagne) se hunde en la obsesión de un miedo incesante y casi sin objeto:"No se vence fácilmente este miedo irracional, pueril, que me hace saltar hacia atrás cuando siento que la mirada de un paseante se posa sobre mí"(Journal, en Oeuvres Romanesques: l205).

En la visión de Bernanos tal duda constituye, la más de las veces, sólo la primera etapa de la angustia sobrenatural, factor de descomposición del ser, necesario para crear un "terreno propicio" en el que se desarrolle libremente, desvinculada de las categorías de la lógica, la alternativa de la esperanza y del dolor. Bernanos, con sutiles matices, ha puesto en evidencia el rol de la angustia en la vida interior, tan importante a los ojos del escritor creyente, distinguiendo en las novelas las agudas manifestaciones físicas del ansia de aquellas más oníricas de la angustia aún indefinida, unida al presentimiento de un peligro desconocido, del temor que polariza toda la atención sobre su objeto bien delimitado.

El fenómeno del miedo, modelado bajo la humanidad viviente que Bernanos quería encontrar cada día para no "dejarse engañar por criaturas imaginarias", sino "para reencontrar con una mirada lanzada sobre el desconocido que pasa, la justa medida de la alegría y del dolor", es descrito en sus diferentes estadios en los relatos de Bernanos enriquecido por la experiencia personal. Bastaría con citar, a este propósito, la angustia del abate Donissant frente a la encarnación de Satán y la angustia del abate Cénabre ante su propia mentira.

En el episodio central de Sous le soleil de Satan, Bernanos evoca en una veintena de páginas el fenómeno de un ser progresivamente asido al miedo y a la tensión siempre creciente que une las diversas fases de estos encenagamientos. El joven y atleta cura que, sin razón aparente, se pierde una noche profunda en el campo sobre la bien conocida carretera del pueblo vecino, prueba una vaga inquietud no motivada, sino provocada en el fondo por el aspecto improvisadamente insólito del paisaje: en lugar de la calle flanqueada de casas existe el vacío. Para eliminar ese sentido de extrañeza, decide destruir la causa, es decir, "encontrar la clave del enigma". Llegado a este límite, la tensión del miedo se afloja y el sacerdote, recuperando la vida, penetra en la última fase del propio miedo: la aterrorizada reacción de la conciencia y de la voluntad. Pasados algunos nuevos instantes de terror, sólo la voluntad le permite vencer los últimos asaltos de Satán y de obtener sobre él una frágil victoria.

3.2. Causas de este mundo angustiado.

La primera causa parecería ser la inestabilidad nerviosa de los personajes, seres lanzados a la inquietud, víctimas a veces de una herencia pesada, como por ejemplo en Oliver, de Un mauvais rêve, neurótico, ansiososo, inestable, nervioso, "como su padre", pero también pueden ser producto de factores determinantes de orden social o moral.

3.2.l. La Soledad.

Bernanos subraya la responsabilidad que, en este fenómeno, recae sobre el mundo: la soledad -soledad de la infancia-, soledad frente a lo desconocido. Bernanos atribuye una gran importancia a la niñez, realidad esencial del ser futuro, y con particular atención nos habla de los "niños humillados", de niños huérfanos, privados desde el comienzo de cualquier equilibrio afectivo u obligados a vivir en un ambiente de miseria, o en una caricatura de familia, oprimente y descompuesta, aunque esté al reparo de la miseria material: niños mudos de inteligencia lúcida, madurados a través de la revelación demasiado precoz de la amargura y de la incomodidad que, en lugar del afecto deseado, su existencia evoca en sus propias madres.

Ninguno ha estado más abandonado que las dos Mouchette, la mayor en la bella casa, burguesa e impenetrable, de ladrillos rojos, entre una madre medrosa y un padre republicano cuyo beato egoísmo era igualado sólo por la ambición; la segunda, más perdida aún, vestida de trapos, hasta los catorce años ha recibido del padre borracho sólo golpes y brutales insultos y de la madre, embrutecida por la miseria y oprimida por el trabajo, sólo una caricia demasiado tardía, mientras el pueblo entero la empuja entre el desprecio y el odio.

En el momento crucial de la vida, privados del necesario sostén afectivo, estos seres perdidos, empujados por un mundo que no comprenden, se refugian con aspereza en el sueño -sueño que puede tener nombre de orgullo, pasión secreta, riesgo o amor-. Y cuando el sueño desaparece, se anonadan en el espanto y en la desesperación, o desilusionados se cierran en una soledad que les atormenta y espanta: "Es preciso haber vivido la desgarradora experiencia de la admiración o de la amistad desilusionada para conocer el trágico secreto del mal" (Le Joie: 562).

Pero los personajes de Bernanos, niños o adultos, son aún más espantosos por el aspecto que su soledad asume ante lo desconocido, bajo el empuje de una fractura, de un cambio social imprevisto, como el de Chantal de Clergerir que, frente a la eventualidad del segundo matrimonio de su padre, prueba la debilidad del niño a quien le falta la protección de un hogar, o como en Mouchette que, rebelándose contra su padre, contra sí misma y contra el detestado pueblo, expresa veladamente la angustia liberadora que la fascina y, cerrando para siempre tras de sí la puerta de madera, "vuelta la espalda al pasado", a la miseria, a la vergüenza por arrojarse a la aventura sin esperanza de lo desconocido.

Sin embargo, para Bernanos, lo desconocido es sobre todo nuestra propia alma en la que, con un sentido de espanto, se puede descubrir, bajo la templada coraza de la mediocridad, el terrible silencio de la hipocresía y de la mentira, compañera y cómplice infiel del miedo.

3.2.2. La mentira, un camino hacia la nada.

Bernanos, en su obra, nos habla muchas veces sobre la mentira, a veces huidiza y a veces presentándola de forma terrible, como en la primera novela, bajo el aspecto de una de las componentes psicológicas de algunas naturalezas, como la del ilustre marido de Mme. Dargent o de Jacques que, en Dialogue d'ombres, confiesa "no poder releer sus libros sin sentir vergüenza" porque "encierran el secreto de ciertas mentiras" y porque le confieren una dimensión metafísica, en la perspectiva de ser la única revancha en la humillación.

Sobre el aburrimiento o la desesperación en un ser insatisfecho en busca de absoluto que, ante la imposibilidad de responder a la llamada de Dios, se agarra espontáneamente a este único medio de que dispone para dominar a los otros a su vez o para superar la existencia real mediante la creación de un mundo imaginario, de colores evidentemente trágicos o crueles, porque son aquellos de sus amarguras reprimidas, de su orgullo herido. Mouchette se refugia ante el marqués de Cadignan, Simone Alfieri, frente a la perspectiva de una vida mediocre, forja su propio destino, escogiendo su parte:"una parte que le permita mentir a los otros sin perder del todo el contacto con nosotros mismos"(Un mauvais rêve:957). De tal modo la mentira se convierte para él en una "maravillosa evasión, la distensión siempre eficaz, el reposo, el olvido" (Ibid. :988).

La mentira no es sólo un medio de defensa, de protección del todo negativa, sino que se eleva al nivel de un ideal funesto, de realidad amada sólo por sí misma, como en Un crime, Un mauvais rêve, Journal, Monsieur Ouine. En estas obras Bernanos confiere a la mentira toda la profundidad de un misterio sobrenatural, verdadera y propia expresión del mal en un mundo de trágica indiferencia y de mísera parodia de la Gracia.

La mentira, aliada con el miedo, de la que es una forma velada, lleva a sus víctimas hacia la nada, después de haberlas concedido, por un momento, la ilusión del triunfo. Así, el abate Cénabre, por ejemplo, que por orgullo ha recitado desde la infancia la comedia de la vocación sacerdotal, comprende que tal mentira tan cara para él le ha envenenado lentamente la vida, vaciándola de toda sustancia. Y Monsieur Ouine, para encarnar temporalmente la ambigüedad y la nada, descubre en el momento de morir y, mejor, en el momento de "desaparecer" que el mentirse a sí mismo ha constituido el elemento fundamental de su existencia.

3.2.3. La caída en la locura.

De todos los personajes bernanosianos, Monsieur Ouine es el único indiferente en apariencia a la vanificación de sí mismo. Los otros, más humanos, no son capaces de soportar esta revelación monstruosa y, por tanto, la mentira y la angustia hacen caer a los más inermes en la locura: la razón de Cénabre no resite el brutal irrumpir de la verdad que le revela su bajeza; la abuela de Chantal de Clergerie es incapaz de sostener el peso de las propias mentiras y los recuerdos obsesivos que querría reprimir.

La locura que, junto al miedo y a la mentira, se revela como uno de los componentes esenciales de la tragedia bernanosiana, es a menudo manifestación de un remordimiento sentido más o menos lúcidamente, pero convertido en intolerable por el descubrimiento de la soledad. Así, la prima Mouchette cae en la locura cuando comprende que no puede compartir con nadie el secreto de su delito. Muchos personajes de las novelas de Bernanos son víctimas de sus "malos sueños" reprimidos, de los que ningún medio humano puede liberarlos.

Así, el remordimiento de la vida disoluta pasada, que se materializa en una monstruosa potencia olfativa, lleva al alcalde de la parroquia muerta, primero a la desesperación y, después, vista la incapacidad de los demás para liberarle de aquella imágen, a la locura. Todas sus tentativas de confesión han logrado sólo hacer de él un sujeto de burla. Pero él encuentra finalmente la alegría de la pureza recuperada y de la inocencia en el momento en que, en lugar de pronunciar el esperado discurso oficial, de verdadero héroe dostoiewskiano, confiesa sus propias culpas a sus vecinos. Pero esta luz brilla sólo para él y la demencia lo convierte en un extraño para los demás.

La locura representa para Bernanos no tanto el indicio de un desorden o de una debilidad mental, cuanto la prueba de una lucha entre las potencias del mal y del instinto, de la vida, del alma pecadora: Mouchette, el abate Cénabre, la abuela de Chantal, el alcalde de Fenouille son precipitados en la locura por culpa de un conjunto de sentimientos como el miedo, la cólera, "la astucia y el espanto", donde nace la fatal oposición entre el instinto de vida y el odio de sí. Todos tienen miedo de sí mismos porque sienten confusamente la parte de responsabilidad que tienen en su humillación.

Y responsabilidad, humillación, angustia, es decir, lucha desesperada, nos llevan a la consideración de la actitud ante la muerte y a la libertad que consienten en explicar en parte esta trágica visión.

3.2.4. La muerte.

La muerte es el punto de referencia indispensable para comprender la actitud consciente e involuntaria -jamás es exclusivamente insitnto- de los héroes de Bernanos. En éstos, el pensamiento de la muerte suscita el miedo de la muerte, miedo fundamental y universal que asume aspectos diversos según que la muerte sea inminente o lejana. Golpea sobre todo a los seres mediocres que han perdido la fe o, mejor, que no la han tenido jamás y que, a falta de ideal, se nutren de ilusiones, de satisfacciones carnales, de vicios. Privados de esperanza, debilitados por la corrupción moral de su alma, se adentran en la angustia.

Se explica así el miedo de los literatos que han traicionado su vocación y que se encuentran perdidos a las puertas de la vejez, como Saint-Marin, de los médicos como el doctor La Pérouse de La Joie y el doctor Lipotte de Un mauvais rêve que no se han asegurado las ventajas científicas, sino "un despreciable miedo de la muerte es el gusano que cada uno de ellos nutre en secreto"(Un mauvais rêve:934).

Tal angustia humana es probada también por seres excepcionales como Chantal de Clergerie que, aun aceptando plenamente la muerte, no puede dominar el terror que ésta le proporciona con sólo el pensamiento de su lejanía. En los "santos" de Bernanos todavía el miedo a morir mal es más violento que el miedo a morir simplemente. Conscientes de su misión humana, sueñan una muerte ejemplar, pero la fe les hace comprender que, a los ojos de Dios, tal escrúpulo es sólo vanidad humana. Sólo el abate Chevance puede decir sin vergüenza:"No quisiera morir, hija mía" (L'imposture: 526), porque el temor a morir en la humillación, sin haber salvado al abate Cénabre, le ha sido inspirado por un arranque de amor.

Se trata siempre de una lucha, unida al descubrimiento de la libertad que se presenta como una posibilidad que requiere su elección y le empuja a superar el pasado y, sobre todo, a arriesgarse por el futuro, riesgo que tiene como precio la sensación de la soledad frente a lo desconocido, probada por todos sus héroes al límite de una nueva vida terrena, como Chantal de Clergerie y Mouchette, Cénabre o Simone, o de una vida sobrenatural como Chevance o la Priora.

La angustia se convierte así en "angustia de liberación" tanto más intensa y formativa, cuanto más la persona vive en un grado elevado de conciencia. De esta manera, los héroes de Bernanos, Chevance, Chantal de Clergerie y Blanca, por ejemplo, antes que ser deshonrados por el miedo, progresan cuando lo aceptan, hasta el punto de que al mundo del miedo de Bernanos se le podría aplicar esta conclusión:"En el camino de la vida, el hombre, al lado de su angustia, siempre encuentra la libertad" (J. Boutonnier: l945:305).

La muerte se convertirá en la "dilatada ala de Dios" y a su sombra será posible descubrir el sentido de un cúmulo de cosas. Por supuesto, la angustia no desaparecerá, pero se transformará en un testimonio de fidelidad y de amor en la angustia de Jesús en Getsemaní.

En Dialogues des Carmélites, durante el coloquio entre la vieja Priora muy cercana a la muerte (la Priora que en contra del parecer de otras hermanas ha aceptado en el Carmelo a Blanca de Force) y la Madre María, se dice lo siguiente: "No se muere cada uno para sí, sino los unos para los otros, o tal vez, los unos en lugar de los otros". Y es por Blanca que ha muerto pobremente la Priora, por su Blanca que, huida del convento ante el comienzo de la revolución, encontrará después en su debilidad el coraje de abrirse camino entre la multitud que asiste a la ejecución de las Carmelitas de Campiègne y alcanza con naturalidad a las hermanas ya señaladas por la sangre.

Casi todos los protagonistas de las novelas de Bernanos, que suelen ser santos, acaban miserablemente, en una completa desolación. Es el despojo completo de la criatura y el paradigma de este despojo lo ha ofrecido Cristo. El cura de Ambricourt muere en la casa de un compañero -ex cura- que vive con una pobre mujer. Y sus últimas palabras son¨:"Todo es gracia". Incluso aquella muerte, tan miserable, está "llena de esperanza". Moeller escribe que la literatura cristiana no puede decir palabras más elevadas, porque sólo en la desolación suprema y en la abyección, se realiza la redención y se implanta la "alegría".

La muerte en casa del ex cura es una semilla, pero su muerte tiene su primera explicación en el dramático diálogo con la condesa, y termina con la entrega a la gracia de la misma, ya llena de odio contra Dios y desesperada. La misma cosa se puede decir del humilde cura de L'Imposture, don Chavance, que se ofrece como víctima por el rescate de su antiguo compañero de seminario don Cénabre, en el que el orgullo ha matado la fe, y sobre todo de la dulcísima Chantal de Clergerie que, espectadora perdida ante la muerte desolada de su director espiritual, don Chavance, intuye el secreto y acoge el pesado fardo: "Chantal recibió inocentemente, hizo cosa suya, desposó para la eternidad, la humillación misteriosa de una muerte semejante".

Y acabará asesinada a manos de un ser diabólico que, ante su cadáver desfigurado, el rebelde don Cénabre encontrará la fe perdida. Es significativo el título de la novela: La Alegría, cuya flor no puede florecer sino en la dedicación total, en la humillación. Y esto, los santos lo han entendido. Existe una solidaridad de los pecadores, como se da una solidaridad de los santos. "Es el mismo pan, dice Chantal a don Cénabre, que nosotros partimos sobre el borde de la fuente entreteniendo el mismo disgusto". El riesgo que corren ambos, el bueno y el malo, es idéntico: el riesgo de lo sobrenatural, del que el amor y el odio son las dos caras. Pero también es cierto aquello que escribió Péguy a Bernanos y que éste aceptó entusiamado: "El pecador tiende la mano al santo y el santo al pecador".

4. LA POTENCIA DEL PECADO O LA TENTACIÓN DE LA DESESPERACIÓN.

4.l. La entrada de Satán en la literatura.

Con Bernanos entra en la literatura Satán considerado como persona, potencia y presencia, príncipe de este mundo, heraldo y poeta del mal, laico, maligno y tentador, frío y tenebroso por esencia, mentira y desesperación. Se insinúa en el espíritu del hombre, estimula los más bajos instintos e infunde el vértigo del vacío. Entre los escritores de genio, escribe Luc Estang en Georges Bernanos, que a partir del siglo XIX han tratado de proponer la condición humana bajo su verdadera luz sobrenatural, Bernanos se ha empeñado en recordar que el mal existe. Más aún, que el maligno, del que proceden todas las obras malas, existe y es un adversario para los hombres.

En Bajo el sol de Satán, Bernanos nos sugiere casi físicamente la presencia del maligno y su endiablada impaciencia por implantarse en el corazón de los hijos de Dios. En el libro, la presencia de Satán está bien situada en el tiempo y en el espacio, pero en las novelas sucesivas Satán se hace presente por todas partes, como el aire infecta de una habitación, pero sin localizarse aquí y allí, presente como el aburrimiento, como el mal, como la tentación.

4.2. El Pecado.

Ahora bien, Bernanos no ha querido ver jamás en el pecado una simple violación de la ley moral, sino que desde l926 en que se encuentra frente a una sociedad que, sin pensar se consagraba a cultivar una política del bienestar, recuerda que el pecado es un "deicidio", un delito contra el "Amor", que el mal existe y que se le ama y sirve en sí y por sí mismo.

La expresión literaria de este mal ha experimentado una evolución a lo largo de toda la obra de Bernanos, pero la esencia metafísica ha sido recogida rápidamente, hasta tal punto que todas las formas de angustia, ya sea la de Mouchette o la del mundo moderno, tienen como causa última el Pecado Original que ha entenbrecido el espejo del alma y que, según Von Balthasar(l956), "desde el punto de vista teológico ha transformado a cada hombre dentro de la creación en un "niño humillado" que tan sólo la "vigilante piedad de Dios" y el fiel consentimiento del hombre pueden salvar de la humillación".

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